Setenta economistas y expertos en políticas publicaron una carta abierta instando a los Miembros del Parlamento Europeo a diseñar un euro digital que sirva al interés público y preserve la soberanía monetaria de Europa.
La carta abierta, titulada ‘The Digital Euro: Let the public interest prevail!’, presentó un conjunto conciso de prioridades para los legisladores. Las demandas clave incluyeron acceso universal, sólidas salvaguardias de privacidad y medidas para evitar el desplazamiento del dinero del banco central por sistemas de pago privados.
Los firmantes —una coalición respaldada por Sustainable Finance Lab e incluyendo nombres como Panicos Demetriades y Thomas Piketty— expusieron principios de diseño orientados a la inclusión financiera, las protecciones de la privacidad y la estabilidad.
Según la carta, aproximadamente el 70% de las transacciones digitales en la UE son actualmente procesadas por empresas con sede en EE. UU., un nivel de dependencia que, según los economistas, deja a Europa expuesta a riesgos geopolíticos y sistémicos.
Argumentaron que un euro digital público ayudaría a recuperar el control sobre la pila de pagos y reduciría la palanca extranjera sobre los flujos financieros europeos.
Progreso del ECB, obstáculos políticos e implicaciones para el mercado
El Banco Central Europeo cerró su fase preparatoria en octubre de 2025 y ha estado ejecutando una plataforma de innovación con alrededor de 70 participantes del mercado para probar la arquitectura técnica y características como pagos fuera de línea y pagos condicionados. El ECB ha enfatizado reiteradamente que el Eurosystem no rastreará saldos de usuarios ni patrones de transacciones.
A pesar del progreso técnico, los economistas y el ECB enfrentan resistencia política y comercial. Los bancos comerciales han expresado preocupación por la desintermediación de depósitos y los costos operativos, y las encuestas a consumidores muestran que las protecciones de privacidad siguen siendo una condición clave para la aceptación pública.
Para los participantes del mercado y las tesorerías institucionales, el debate tiene ángulos prácticos. Un euro digital emitido de forma centralizada con privacidad significativa y límites de tenencia podría alterar las vías de pago, reducir la dependencia de procesadores terceros y cambiar la dinámica de liquidez a corto plazo para los bancos.
Los inversores y las tesorerías corporativas ahora están dirigiendo su atención al calendario legislativo de 2026 y a las pruebas en curso del ecosistema por parte del ECB.
