El promedio de hashrate de siete días de la red Bitcoin se redujo a aproximadamente 993 exahashes por segundo (EH/s), su nivel más bajo desde mediados de septiembre de 2025.
Los datos recopilados a partir de informes de la industria muestran un cambio claro y coordinado: los grandes mineros están reutilizando equipos, terrenos y conexiones a la red para ofrecer servicios de alojamiento de IA y HPC. Las diferencias de ingresos reportadas son marcadas —en algunos casos se cita que los contratos de IA generan hasta 25 veces los ingresos por kWh de la minería de Bitcoin—, invirtiendo la economía energética que antes favorecía la minería.
Los operadores citan múltiplos de valoración más altos para ingresos de estilo centro de datos y la posibilidad de monetizar capacidad energética ociosa o infrautilizada.
La caída —aproximadamente una contracción del 15% desde el pico de 1.157 EH/s del 19 de octubre de 2025— se debe a que los mineros están reasignando capacidad informática y energía a cargas de trabajo de inteligencia artificial y computación de alto rendimiento que generan ingresos por kilovatio‑hora sustancialmente más altos.
Seguridad, consolidación y estrategia corporativa
Un hashrate agregado más bajo plantea cuestiones teóricas de seguridad: una huella de computación reducida puede hacer que ciertos ataques sean proporcionalmente menos costosos, aunque la red sigue siendo grande y un ataque del 51% seguiría siendo extremadamente caro.
Los mineros más pequeños que carecen de capital para reacondicionar instalaciones para cargas de IA pueden salir del mercado o ser adquiridos, concentrando la capacidad en operadores más grandes y mejor financiados.
Más allá de los ingresos inmediatos, los mineros están comercializando sus contratos de energía, terrenos y conexiones a la red como activos de infraestructura duraderos. Los analistas mencionaron una posible recalibración de la dificultad en enero de 2026 —una caída esperada en la dificultad de la red de aproximadamente -4,34% a -5,45%— que está destinada a reequilibrar la economía minera y podría influir en si parte de la potencia de hash vuelve a la cadena.
Para inversores y equipos de cumplimiento, el giro altera los perfiles de riesgo empresarial: la exposición cambia de pura volatilidad del precio del token hacia riesgo de contraparte y contractual, cuestiones de suministro energético y acceso a la red, y nuevas consideraciones regulatorias para operaciones de centros de datos.
Los inversores ahora centran su atención en el ajuste de dificultad de enero de 2026 y en la rapidez con que la capacidad reconvertida puede reasignarse; ambos factores determinarán si el hashrate se estabiliza o continúa revalorándose como parte de una realineación más amplia de la industria de infraestructura digital.
Este episodio subraya que la economía de la minería está cada vez más entrelazada con la evolución de la demanda de IA y los mercados energéticos, con implicaciones para la liquidez, el acceso y la planificación estratégica en todo el sector.
