De acuerdo con el reciente informe de la firma Chainalysis, el lavado de dinero con criptomonedas experimentó un crecimiento explosivo, alcanzando la cifra de 82.000 millones de dólares durante el pasado año 2025. Esta evolución financiera, liderada por redes de habla china, representa un salto alarmante frente a los 10.000 millones de dólares registrados inicialmente en 2020.
Este fenómeno se sustenta en una profesionalización sin precedentes de los servicios ilícitos, los cuales aprovechan la liquidez de los mercados para operar a una escala industrial. Por consiguiente, las organizaciones criminales han perfeccionado sus métodos de ofuscación, logrando que el volumen de fondos procesados se multiplique significativamente en apenas un lustro.
Al analizar la procedencia de estas operaciones, destaca que las redes de lavado en idioma chino ahora controlan aproximadamente el 20% de los flujos ilícitos globales conocidos en la actualidad. Dichas estructuras, operando con una agilidad pasmosa, han logrado expandirse miles de veces más rápido que cualquier protocolo legítimo de finanzas descentralizadas, consolidando una infraestructura financiera subterránea que desafía los controles internacionales de manera sistemática.
La sofisticada arquitectura detrás de las redes de blanqueo asiáticas
El ecosistema criminal se apoya en una red diversa de aproximadamente 1.800 billeteras activas, donde se diversifican seis tipos de servicios especializados para mover capitales. Entre estos, destacan los corredores de “punto de ejecución”, quienes facilitan el acceso primario a cuentas bancarias, permitiendo que el dinero sucio ingrese al sistema financiero global con una apariencia de legitimidad difícil de detectar para las autoridades.
Asimismo, han ganado terreno los denominados servicios de “Black U”, plataformas que comercian activos digitales vinculados a actividades delictivas aplicando descuentos significativos sobre su valor real. De este modo, la utilización de plataformas de garantía basadas en Telegram ha permitido crear un mercado de reputación donde compradores y vendedores de servicios de blanqueo interactúan bajo un esquema de depósito en garantía altamente eficiente.
¿Representa el crecimiento de estas redes una amenaza para la estabilidad del mercado?
No obstante, el impacto de estas actividades trasciende lo digital, vinculándose directamente con estafas transnacionales y anillos de ciberdelincuencia que operan fuera de la cadena de bloques. Esta resiliencia operativa demuestra que, a pesar de las sanciones impuestas, la industria del crimen organizado se adapta con rapidez a las presiones regulatorias, migrando sus operaciones hacia canales alternativos apenas se detecta una interrupción en sus plataformas principales.
Finalmente, la consolidación de esta tecnología de lavado de activos plantea un desafío de supervisión para los inversores y las entidades gubernamentales en todo el mundo. El futuro del sector dependerá de la capacidad de respuesta ante estas redes globales, las cuales han transformado el lavado de dinero con criptomonedas en un servicio profesionalizado, resiliente y capaz de evadir los mecanismos tradicionales de vigilancia financiera.
