Ethereum y Solana han cristalizado dos definiciones contrapuestas de resiliencia en blockchain: una construida sobre la resistencia a la censura y la redundancia multi‑cliente, y la otra sobre la fiabilidad operativa de alto rendimiento. El desacuerdo moldea las hojas de ruta de los protocolos, las prácticas de prueba y los tipos de dApps y usuarios que atrae cada cadena.
Ethereum enmarca la resiliencia como la capacidad de la red para resistir presiones políticas, el colapso de la infraestructura o la pérdida de contribuyentes clave, al mismo tiempo que preserva el acceso sin necesidad de confiar en terceros.
La cadena refuerza esta visión mediante redundancia arquitectónica: múltiples clientes independientes de ejecución y consenso reducen la probabilidad de que un único fallo pueda detener la producción de bloques. El camino modular de Ethereum hacia la escalabilidad depende en gran medida de los rollups de Capa‑2 y de las mejoras en la disponibilidad de datos introducidas por la actualización Dencun a principios de 2025.
Esa estrategia favorece la seguridad y la resistencia a la censura en la capa base pero impone compensaciones: el rendimiento de la capa base sigue siendo limitado (aproximadamente 15–30 TPS), las comisiones pueden ser altas sin L2s, y el ecosistema de L2 introduce complejidad y posible fragmentación de liquidez.
Esta división no es meramente filosófica. Tiene compensaciones concretas — desde la dependencia de Ethereum en los rollups de Capa‑2 tras los cambios de Dencun (EIP‑4844) a principios de 2025, hasta las mejoras de rendimiento y las pruebas de estrés de Solana tras ataques de alto ancho de banda en 2025.
Solana: resiliencia como fiabilidad operativa de alto rendimiento
Solana define la resiliencia por la capacidad de la red para mantener una latencia ultra‑baja y un alto rendimiento para mercados en tiempo real y aplicaciones de consumo. Su armado está optimizado para el procesamiento en paralelo y tarifas bajas.
La red reporta cifras teóricas de rendimiento muy por encima de las cadenas heredadas y promedios reales del mundo en los miles de TPS; trabajos de protocolo como el cliente Firedancer y la actualización Alpenglow implementada a finales de 2025 redujeron drásticamente los tiempos de finalización (de ~12.8 segundos hacia ≈150 milisegundos) y apuntaron a bajar los costes de los validadores.
El enfoque de rendimiento primero de Solana ha demostrado ser a la vez resistente y frágil: la cadena soportó un presunto evento DDoS de 6 Tbps en 2025 y desde entonces ha reforzado la infraestructura, alcanzando tiempos de actividad reportados por encima del 99.98%. Pero los altos requisitos de hardware y el diseño monolítico generan riesgos de centralización y fallos en cascada que el equipo sigue abordando mediante diversidad de clientes y parches de protocolo.
Inversores y desarrolladores vigil estarán ahora los indicadores del mundo real en 2026 — disponibilidad de datos de L2, liquidez cruzada entre rollups y tiempo de actividad medido bajo carga máxima — como la prueba práctica de qué modelo de resiliencia sirve mejor para una adopción amplia y a largo plazo.
Estas métricas operativas informarán si la seguridad modular o el rendimiento integrado ofrecen la base más durable para la próxima ola de aplicaciones Web3.
