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Por qué las dApps Siguen Atrapadas en la Especulación y Lejos del Usuario Común

las dApps

La promesa de la Web3 era clara: devolver la propiedad de internet a los usuarios. Sin embargo, una década después del lanzamiento de Ethereum, la realidad on-chain sugiere que las aplicaciones descentralizadas (dApps) no han logrado romper la barrera de la irrelevancia masiva.

Mientras los precios de los activos alcanzan máximos históricos y los ETFs de Bitcoin y Ethereum legitiman la clase de activo en Wall Street, la capa de aplicación —donde se supone que ocurre la innovación— sigue siendo un entorno hostil para cualquiera que no sea un especulador o un experto en tecnología.

Bajo este prisma, es imperativo cuestionar la narrativa del “crecimiento exponencial”. Si eliminamos el trading de memecoins y el yield farming, la actividad orgánica en las dApps se desploma. La tesis que aquí se defiende es que la falta de adopción no es solo un problema de experiencia de usuario (UX) o escalabilidad técnica, sino una crisis de utilidad fundamental.

Las dApps actuales no compiten contra la banca tradicional o las Big Tech ofreciendo mejores servicios; compiten ofreciendo mayores retornos especulativos. Mientras la propuesta de valor siga siendo financiera y no funcional, la “masividad” seguirá siendo una quimera.

La Trampa de la Infraestructura y el Casino

El mercado ha caído en lo que podría denominarse la “Trampa de la Infraestructura”. Existe una sobreinversión masiva en la capa de protocolo (Blockchains L1, L2, puentes) y una subinversión crónica en la capa de aplicación. Los datos de Chainalysis en su Reporte de Adopción Global 2024 revelan una divergencia crítica: la adopción real (transaccional y de ahorro) está ocurriendo en mercados emergentes como el Sur de Asia y África, impulsada por la necesidad, mientras que en Occidente el volumen es dominantemente especulativo e institucional.

El usuario promedio no quiere gestionar llaves privadas, pagar gas fees volátiles ni entender qué es un bridge para mover dinero de Optimism a Arbitrum. En la Web2, la complejidad técnica es invisible; en la Web3, es la protagonista.

Paralelamente, la mayoría de las dApps exitosas hoy en día son, en esencia, casinos descentralizados. Exchanges (DEXs), protocolos de préstamo y mercados de derivados dominan el panorama. Si bien son innovaciones financieras notables, no invitan al usuario común que busca mensajería, redes sociales o productividad sin el riesgo inherente de perder su capital por un error de smart contract.

La Visión vs. La Realidad

Para entender la magnitud de esta desviación, es útil revisar los documentos fundacionales. En el Whitepaper original de Ethereum, Vitalik Buterin vislumbraba una “computadora mundial” donde las finanzas eran solo una de muchas aplicaciones, junto con la gestión de identidad, reputación y organizaciones autónomas.

Históricamente, estamos en una fase similar a la de internet en 1994. En aquel entonces, usar internet requería conocimientos de TCP/IP y módems ruidosos. La adopción masiva no llegó con mejoras en el protocolo, sino con la capa de abstracción que trajo el navegador (Netscape) y posteriormente las aplicaciones móviles (iPhone).

La diferencia crucial es que en 1994 no había una industria trillonaria de especulación sobre el protocolo TCP/IP. Hoy, la especulación sobre el token (el “protocolo”) desincentiva la creación de aplicaciones que no generen fees inmediatos para los token holders.

El Espejismo de la Descentralización

Otro factor que frena la adopción institucional y masiva es el riesgo de gobernanza. El Banco de Pagos Internacionales (BIS) publicó un análisis contundente titulado DeFi risks and the decentralisation illusion, donde argumenta que la “descentralización completa” es ilusoria. La necesidad de gobernanza (actualizaciones de contratos, gestión de tesorería) tiende a centralizar el poder en unos pocos tenedores de tokens.

Para una corporación o un usuario que busca seguridad jurídica, esta “descentralización a medias” es el peor de los dos mundos: carece de la eficiencia de una base de datos centralizada y carece de la seguridad regulatoria de un banco. Mientras las noticias DeFi sigan dominadas por hacks y rug pulls, la confianza necesaria para el mainstream no se materializará.

La Esperanza de las Stablecoins y la Abstracción

No obstante, sería intelectualmente deshonesto ignorar los avances tangibles. Los defensores de la situación actual argumentarían —con razón— que las stablecoins ya son la primera “killer app” masiva. Mueven más volumen anual que Visa y son vitales en economías inflacionarias.

Además, la llegada de la “Abstracción de Cuenta” (Account Abstraction) promete eliminar las frases semilla y permitir el pago de gas en cualquier moneda. Si tecnologías como las “Intent-centric architectures” logran que el usuario simplemente exprese “quiero obtener rendimiento en dólares” sin saber qué cadena o protocolo se utiliza detrás, la tesis de la complejidad quedaría invalidada en el corto plazo. Proyectos como Telegram (con TON) están intentando integrar la Web3 directamente en la mensajería, lo que podría ser el caballo de Troya para la adopción real.

La Condición de la Invisibilidad

La realidad subyacente sugiere que las dApps no alcanzarán el mainstream mientras se llamen “dApps”. El usuario no quiere descentralización; quiere utilidad, seguridad y conveniencia.

Si la industria logra abstraer la tecnología blockchain hasta hacerla invisible —como lo es el protocolo SMTP cuando enviamos un correo electrónico— y pivotar de la especulación financiera a la utilidad diaria (identidad, propiedad digital real, pagos sin fronteras), entonces veremos la masividad. De lo contrario, seguiremos construyendo el casino más sofisticado de la historia, pero un casino al fin y al cabo.

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